Soy demasiado dulce: la belleza cuando algo roe por dentro
Micro relato de Cristian Piscitelli sobre la sensibilidad, el desgaste interior y la posible alegoría de una enfermedad silenciosa que avanza desde adentro mientras la voz intenta conservar belleza.

En “Soy demasiado dulce”, la voz narrativa parece hablar desde un atardecer, pero en realidad lo hace desde un cuerpo. O desde una conciencia que empieza a percibir su propio desgaste. La dulzura no aparece como inocencia simple, sino como una sensibilidad extrema que todavía busca estrellas, brisa y plenitud mientras algo, por dentro, insiste en devorarla.
El texto puede leerse como una alegoría de la enfermedad: no nombrada, no diagnosticada, no puesta en escena con crudeza, sino sugerida a través de imágenes que respiran despedida. El sol que huye, las palomas que se preparan para dormir, el crepúsculo cobarde y esa amargura que roe y desangra construyen una sensación de deterioro íntimo, como si la vida estuviera siendo consumida sin estruendo.
“Soy demasiado dulce.”
Ahí está la fuerza del recurso literario: decir enfermedad sin decir enfermedad. Convertir el daño interno en paisaje. Hacer que el lector no vea un cuerpo enfermo, sino un cielo cambiando de color, una tarde que se apaga, una dulzura que todavía resiste aunque algo oscuro ya haya empezado a trabajar en silencio.
Este micro relato permite varias lecturas: puede ser una despedida, una confesión emocional, una metáfora de la depresión, una enfermedad avanzando por dentro o el retrato de alguien demasiado sensible para sobrevivir intacto. Esa amplitud lo vuelve más potente. No clausura el sentido: lo deja vibrando.
Una pieza breve, lírica y contenida, donde la belleza no niega el dolor, sino que lo ilumina desde el borde. Porque a veces lo más devastador no es lo que destruye de golpe, sino aquello que nos roe despacio mientras todavía intentamos mirar el cielo con ternura.
Cristian 
